Desinformación y polarización: un círculo vicioso en la era digital

Autor: Raquel Frutos, Consultora de Relaciones Públicas y Comunicación Corporativa en iMADES Communication

En una era en la que la información se propaga a una velocidad vertiginosa, la desinformación emerge como una amenaza silenciosa, y que puede ser devastadora, para la cohesión social. No en vano, la manipulación estratégica del discurso se está utilizando intencionadamente en sectores especialmente sensibles como la política para generar confusión y desconfianza, lo que repercute negativamente en el derecho de todas las personas a recibir una información veraz.

Tanto es así que la desinformación se sitúa a la cabeza de los principales riesgos a afrontar según su gravedad a corto plazo en el mundo actual, de acuerdo con los datos que recoge el Informe de Riesgos Globales 2025 publicado por el Foro Económico Mundial. En el mismo se expone una preocupación creciente por la desinformación, problemática que continuaría encabezando los principales desafíos a afrontar a largo plazo, en la próxima década, si bien descendiendo el índice de preocupación de la primera a la quinta posición.

Además de ello, la polarización destaca como otra gran amenaza para la sociedad democrática, situándose en la tercera posición del ranking de riesgos más importantes que afrontar de forma inmediata en el mundo actual. Así, la creciente división ideológica, que puede observarse especialmente en el ámbito político aunque también en el social, está generando una fragmentación de la sociedad produciendo como consecuencia entornos cada vez más hostiles y menos cohesionados. Adicionalmente, el informe destaca cómo la polarización está impidiendo la colaboración necesaria para abordar desafíos globales como el cambio climático y la desigualdad económica.

Datos que corroboran la preocupación por la desinformación

De acuerdo con el Digital News Report 2025, elaborado por el Reuters Institute, existe un pensamiento global que corrobora la preocupación de los ciudadanos con respecto a la desinformación. Algunas de las principales conclusiones que arroja son:

  • Más de la mitad de la población europea (54%) declara tener inquietud en torno a qué es verdadero y qué es falso cuando se trata de noticias online.
  • La mayoría (47%) piensa que tanto políticos como influencers constituyen la mayor amenaza para la desinformación, seguido a mayor distancia por la información difundida por gobiernos extranjeros (39%), activistas (37%) y periodistas (32%).
  • Por tipología de redes sociales, Facebook (49%) y TikTok (48%) se postulan como las principales amenazas para difundir información engañosa o falsa. En cambio, las aplicaciones de mensajería, como WhatsApp, se consideran amenazas menores, dado que en estos canales las conversaciones tienden a circular en grupos de confianza. Aún así, un 11% piensa que sus conocidos (amigos y familiares) también contribuyen a difundir la desinformación.
  • Para consultar información, la mayoría acude primero a los medios de su confianza (38%), seguido de las fuentes oficiales (35%) y los verificadores (25%) antes que a las redes sociales (14%). No obstante, la población joven es más propensa a consultar las plataformas sociales, las cuales consulta un mínimo de 4 horas diarias, y a recurrir a los chatbots de IA.

Al respecto de todo ello, dichas cifras sirven para llamar la atención acerca de un contexto en el que hay que tener especial cautela como consumidores de información por la dificultad de acceder a la verdad y a información alejada de cualquier manipulación ideológica, como sucede con la política. Alimentados por la capacidad de alcance y viralización a través de las redes sociales, cada vez tiene más peso el papel que juegan especialmente los representantes políticos a la hora de acrecentar e incluso crear falsas narrativas con el único objetivo de contrarrestar voces críticas de los medios de comunicación y movilizar a posibles simpatizantes. Además, la dificultad añadida al respecto es que se trata de discursos que apelan a lo emocional y pasional, de modo que es más complicado tomar distancia por parte de quienes comparten una misma ideología y valores para lograr discernir aquella información que se aleja de la realidad.

La relación entre la desinformación y la polarización

En un entorno digital como el actual existe una relación muy estrecha y difícilmente separable entre la desinformación y la creciente división ideológica o polarización, de modo que ambos actores forman parte de un círculo vicioso que se retroalimenta agravando las consecuencias que ello genera. Así, la desinformación es el caldo de cultivo perfecto para introducir narrativas altamente polarizantes que apelen por lo general a la emoción y tienen por objeto crear división, reforzar prejuicios y generar frustración e indignación para perpetuar la fragmentación ideológica de la sociedad.

Por otra parte, la polarización facilita la propagación de la desinformación, dado que en una sociedad fragmentada el consumidor es más susceptible de consumir aquella que refuerce sus creencias disminuyendo con ello su predisposición a cuestionar o verificar su credibilidad.

El resultado de todo ello es la fragmentación de la sociedad y la dificultad para obtener información verídica de forma sencilla. Además, algunos factores están agravando esta relación perniciosa como es la explosión de tecnologías como la inteligencia artificial, la cual se está convirtiendo en un arma de doble filo puesto que, si bien empleada de forma responsable puede ser una herramienta útil de verificación, en otras ocasiones dificulta el acceso y control de la información falsa (fake news) amplificando con ello sus posibilidades de difusión y los riesgos de desinformación y polarización.

A su vez, las redes sociales se han erigido como un acelerador de las divisiones ideológicas existentes y la desinformación, dado su gran alcance frente a los medios de comunicación tradicionales y a su enorme poder de viralización.

En última instancia, la pérdida de credibilidad en la información provoca que las personas recurran cada vez, especialmente los jóvenes, a fuentes alternativas y a menudo desinformativas.

Medidas para luchar contra la desinformación y la polarización

Ante el crítico panorama al que se enfrentan hoy en día los consumidores de información es necesario interiorizar medidas para aminorar los riesgos de exponerse a noticias falsas y/o altamente polarizadas que distorsionan la realidad con el único objetivo de manipular a la sociedad para acrecentar el calado de determinadas narrativas. Al respecto, expertos en comunicación coinciden en que la alfabetización mediática desde edades tempranas es clave para tomar conciencia de las dimensiones de esta problemática y adoptar comportamientos que contribuyan a acercarse a la verdad.

Así, la primera de las medidas es tomar conciencia de la situación para interiorizar conductas como es la consulta de la información de fondo más allá de los titulares sensacionalistas a los que acostumbran especialmente determinados medios de comunicación.

Además, es fundamental evitar seguir de manera automática y pasional a determinados medios, creadores de contenido y plataformas, puesto que dada la multiplicidad de inputs informativos que recibe hoy en día el consumidor en el entorno digital es más necesario que nunca contrastar fuentes  y ampliar la mira hacia diferentes canales y posiciones ideológicas para contrarrestar la manipulación y falsos relatos que afectan no solo al contenido textual, sino también a las imágenes y videos que acompañan.

Por último, en redes sociales antes de compartir una información que puede hacerse viral de forma prácticamente instantánea, hay que asegurarse en la medida de lo posible acerca de su fiabilidad y credibilidad de la fuente para no acrecentar la espiral de desinformación ya existente.